Cuánto tenés que cobrar realmente por tu trabajo
Casi todos los emprendimientos y oficios pasan por el mismo momento: hay que poner un precio y no hay ninguna planilla que lo diga. Entonces se mira a la competencia, se redondea para abajo "para no espantar al cliente" y se sigue adelante. El problema aparece meses después, cuando el negocio factura pero no queda nada.
El error más común: cobrar solo el material
Si vendés un producto o un servicio, es fácil calcular lo que gastaste en materiales o insumos y sumarle "una gananciita". El problema es todo lo que queda afuera de esa cuenta: el tiempo que te tomó, la luz, el transporte, las herramientas que se gastan, y los meses donde vendés menos.
Si tu precio solo cubre el material, en realidad estás pagando vos para trabajar.
Qué tenés que sumar antes de poner un precio
- Costo directo: materiales, insumos, envases, lo que compraste específicamente para eso.
- Tu hora de trabajo: ponele un valor, aunque sea aproximado. Tu tiempo no es gratis.
- Costos fijos repartidos: alquiler, luz, herramientas, internet — una parte de eso le corresponde a cada venta.
- Un margen real: la ganancia que te queda a vos, no lo que "sobra" después de pagar todo lo demás.
Un cálculo simple para empezar hoy
No hace falta un sistema contable para arrancar. Alcanza con anotar, para un producto o servicio típico: cuánto gastaste en materiales, cuántas horas te llevó, y qué costos fijos del mes le corresponden a esa venta. Sumás todo, le agregás el margen que querés ganar, y ese es tu precio real — no el que "suena bien".
Esa es exactamente la lógica de nuestra plantilla gratuita para calcular precios: un cálculo simple, pensado para hacerse desde el celular, sin fórmulas complicadas.
La próxima vez que dudes con un precio
Preguntate esto: si tuviera que volver a hacer este trabajo cien veces este mes, ¿este precio me dejaría vivir de esto? Si la respuesta es no, el problema no es la competencia — es el precio.